Vienes cada día destrozado a comentarme que te duelen tantas cosas. Que ella te engaña, que te hiere, que te miente, que no sabes si le amas o razonas. Siempre el hecho es que soy yo la que te escucha y muchas veces soy el eco de tus penas. Ten cuidado que no te asalten ni se cruzen los instintos que van mal por tu cabeza, tienes que reconocer que muchas veces ni me escuchas, ni te importan mis historias. Pues tus frases y tus dulces gestos son la hiel que me lanzan, me seducen y provocan. No se trata de perdones ni de excusas, sólo quiero que tu trates de evitarlo. Deja quieta la pasión y los sentidos y te juro que todo queda olvidado.